Clara abrazó a Aarón, cuyo cuerpo todavía estaba entumecido. Si no lo hubiera sostenido, este mol de hombre de 1.88 metros podría haberse arrodillado ante Alejandro.
—Señorita, estoy bien—respiró Aarón mientras trataba de reconfortarla, aunque en realidad no podía mover un músculo.
—¡Ni siquiera puedes levantarte! ¿Y dices que estás bien? —Clara se preocupaba por la seguridad de Aarón, con los ojos enrojecidos de ira, mirando furiosa con Alejandro, quien permanecía imperturbable. —Frente a mí, ¿