—He dejado a Beatriz. Ella no volverá a molestarme, —dijo Alejandro con una mirada fría.
—¿En serio? Felicidades, señor Hernández. Aunque esta noche no te ha pasado nada bueno, por lo menos te has librado ya de un problema.
Clara con una sonrisa de oreja a oreja, y con sus ojos brillando como una imponente rosa roja con espinas, dijo—sé que señor Alejandro tiene experiencia en lidiar con relaciones. Me pregunto si la señorita Beatriz recibió plata y una villa a cambio. Alejandro sintió un fuerte