—¿No crees que soy solamente un miserable, un ridículo payaso? —La voz de Alejandro sonó ronca como si hubiera sido quemada por el fuego, y una sonrisa amarga y rota apareció en sus delgados labios.
Rodrigo negó seriamente con la cabeza. —No, Alejandro, soy tu mejor compañero y hermano. No importa lo que pase, nunca te ridiculizaré de esa manera. Solo siento algo de lástima.
—Lástima...
Alejandro cerró sus ojos enrojecidos y borró completamente las escenas relacionadas con Beatriz de su mente, s