No creía en la casualidad.
Pero esperaba que lo que Beatriz había hecho era una casualidad.
—¡Señor Hernández!
César llegó corriendo, jadeando, y le entregó el teléfono a Alejandro.—Esto es lo que me pediste que verificara, el seguimiento de los movimientos de señora, su hija y la señorita Sánchez esta noche. ¡He recopilado todo para que lo revises!
—¡Vaya! ¡Velocidad impresionante!—dijo Rodrigo, deteniendo momentáneamente su marcha y acercándose también a mirar.
Alejandro bajó la mirada y exami