El corazón que latía rápidamente en Esperanza dio un salto inexplicable, seguido por una sensación de enfriamiento gradual envuelta en una ola de hormonas masculinas.
Para todos, ya sea Pol o los aristócratas a los que se vio obligada a complacer, al final solo era un juguete.
Ella había sido ingenua.
Pensó que Juan sería diferente de esos hombres.
Resultó que no escapaba a la norma.
Esperanza contuvo la respiración y, con una sonrisa amarga, apenas perceptible, bajó los ojos con una gota de bri