El imponente cuerpo de Alejandro se quedó rígido al instante, como si una fuerza invisible lo hubiera atrapado por completo.
—¿Qué has dicho? ¿Álvaro ha vuelto?
Los ojos de Enrique brillaron con alegría, —¿Dónde está ahora?
—Está en el estacionamiento subterráneo del hospital, me encontré con él justo cuando volvía de un asunto.
—¡Cómo puede regresar sin avisar de antemano! — Enrique se quejó con una amplia sonrisa en el rostro.
—Tuve unas pocas palabras con el joven señor, él temía avisarte con