Rodrigo se quedó atónito, su corazón dio un vuelco total, sus pupilas se dilataron ligeramente, mirando fijamente a Enrique frente a él con una mirada muy compleja y conflictiva. Su rostro, normalmente sereno y calmado, ahora parecía un poco confuso y perdido. Sus labios secos se entreabrieron ligeramente, como si quisiera decir algo en ese momento, pero se quedó sin palabras por un instante, sin saber por dónde empezar.
Alejandro, que estaba de pie a un lado, quedó sorprendido por la expresión