Noa clavó fríamente la mirada en el rostro repulsivo de Leona, sin pestañear.
Los ojos que antes estaban opacos y sin brillo de repente se iluminaron con una emoción muy intensa, que brilló en el rostro siniestro e impasible de Leona, avivando aún más su furia.
—¡Estúpida! ¡No te permito que me mires así!
Leona fulminó por completo con la mirada, a punto de patear de nuevo, pero fue detenida en ese instante por Jimena:
—Ya, ya, si quieres desahogarte, te daré tiempo más tarde.
En ese momento, Al