Leticia fue la primera en lanzar una frase que no coincidía realmente con su posición, pero que reflejaba perfectamente su pensamiento en ese momento:
—Lo que dijiste es realmente repugnante.
El ceño de Enrique se frunció furiosamente, —Dime ¿Qué dijiste?
—Enrique, tengo que admitir que eres en realidad un afortunado hijo del cielo, un verdadero afortunado.
Leticia, asumiendo el control total de la situación, se sentó con gran elegancia y tomó una taza de café, —de lo contrario, con tu inteligen