—¡¿Qué dijiste?! ¡Repite eso otra vez! — La respiración de Rodrigo se volvió agitada y desordenada, sus ojos enardecidos parecían contener una furia capaz de incendiar el mundo entero.
En este momento, este hombre siempre calmado y sereno estaba completamente enfurecido, al borde del colapso total, lo que provocaba un placer y emoción sin precedente alguno en Gaspar al verlo.
Entonces, arrogante, levantó la barbilla y se rio desenfrenadamente como un verdadero ganador: —¡Rodrigo, si Noa y yo hem