La llamada de Adrián llegó de repente. Alejandro habló con calma: —Adrián, ¿qué pasa?
—¿Alejandro, puedes hablar ahora? — Adrián titubeó un poco, su tono revelaba inquietud.
—Ahora puedo hablar, dime—respondió Alejandro, con una voz tranquila pero firme.
—Esta mañana, Enrique vino y se llevó a Noa de regreso a Villa Mar—dijo Adrián, con su voz llena de gran preocupación.
Alejandro frunció asombrado el ceño, —¿No se suponía que el abuelo quería pasar más tiempo con Noa? ¿Por qué tan pronto?
—Cuan