—Sí, papá, tienes razón—respondieron el Sr. y la Sra. Hernández con una sonrisa forzada.
—¡Me encanta este regalo! ¿Dónde está Noa? ¡Ven aquí para que el abuelo te abrace!—preguntó cariñosamente Fernando con una sonrisa.
—Noa dijo que no se sentía bien y decidió no bajar por ahora, vendrá a verte más tarde—respondió Adrián con voz suave.
Fernando suspiró con pesar y dijo: —Adrián, más tarde enmarca este dibujo para mí y cuélgalo en mi estudio. Así podré verlo todo el tiempo.
Adrián asintió seria