La sensación de vergüenza envolvía a Alejandro como una bestia feroz, atacándolo sin piedad.
Rodrigo lo observaba y sentía una intensa tristeza en su corazón.
¿Qué hacer cuando el rival es tan fuerte?
Clara sintió una punzada en el pecho y, temblando, llamó suavemente: —Abuelo.
—Vamos, papá, hoy es tu gran día, no hablemos de cosas desagradables—dijo Enrique apresuradamente, acercándose y sonriendo. —¿Por qué no vemos los regalos que los niños te han preparado? Después de ver los regalos, podemo