En las primeras horas de la mañana.
El pasillo del hospital estaba totalmente silencioso, con la luz de la sala de operaciones encendida, habían pasado diez horas.
Alejandro, con su figura apuesta, estaba sentado inmóvil en el banco, con una expresión muy tranquila. Sin embargo, sus ojos concentrados y los nudos tensos en el dorso de sus manos delataban lo nervioso que estaba en su interior en este momento.
Pero más nerviosos que él estaban los hermanos de la familia Gómez, Isidora y Guillermo G