Saliendo de la villa, Clara y Alejandro se sentaron en el coche y ambos se dispusieron a sumirse en un largo silencio.
Finalmente, fue Clara quien rompió el silencio.
—Alejandro, esta noche voy a casa, ¿no tienes un largo viaje mañana temprano? No te molestes, regresa a Villa Marejada, o ven a quedarte en mi casa.
Alejandro, preocupado por Rodrigo, frunció el ceño y respondió:
—De acuerdo, te llevaré de vuelta a Villa Hermosa. Mañana por la noche, iré a buscarte.
De vuelta en la villa, los dos s