Isidora quedó atónita y sintió un repentino escalofrío de miedo. Quiso hablar para defenderse, pero las palabras del otro la atravesaron.
—¿Sabes cuánto cuesta conseguir un riñón? En tus primeros años, cuando tu padre aún era fiscal, tenía algo de valor para mí. Si se enfermaba, lo salvaría, como una inversión. Ahora es solo un viejo moribundo, ¿por qué debería gastar dinero y esfuerzo en salvar a alguien que apenas podrá vivir? No lo haré—las palabras de Isidora le perforaron el corazón como ag