La forma en que el hombre actuaba dejó perpleja a la asistente.
Y la actitud de Javier, como si no le importara en lo absoluto, realmente la hizo creer que era solo un cliente común que venía a recoger su ropa.
—¡Hija, hija, deja de mirar! — Paula tiró con fuerza del brazo de Milagros.
—¡Mamá! ¡Mira qué guapo es ese hombre! ¡Nunca he visto en realidad a alguien tan guapo! — Milagros estaba emocionada como una niña.
—Ya está, ya está, eres la hija de una familia rica, no te comportes como si nunc