—¡Madre, lo que has dicho es absolutamente cierto!
Milagros frunció el ceño con gran disgusto. —Pero de verdad no entiendo, ¿por qué no contratamos a un diseñador más destacado para hacer mi vestido de compromiso? No es que no tengamos suficiente dinero en casa. ¿Por qué tenemos que elegir precisamente a Celeste para hacerlo? No quiero verla en absoluto.
—Hija, no entiendes las razones detrás de todo esto—dijo Paula, tomando el brazo de su hija con seriedad. —Tu padre pudo construir esta fortuna