Ante la insubordinación pública de su propio hijo, Dámaso, acostumbrado a la altivez como cabeza de familia, finalmente perdió por completo la compostura.
Con ojos llenos de ira, se preparaba para avanzar ferozmente hacia Teófilo.
En ese momento, una figura elegante se interpuso de repente en su camino.
—¿Leticia?
Al instante, resonó un sonido nítido de una fuerte bofetada que retumbó en toda la escena.
Leticia, con una mirada llena de odio, le dio a Dámaso una sonora bofetada.
La bofetada fue m