—¡Te equivocas! Mi estado actual es bastante normal. Gracias por prepararme gran variedad de deliciosos platos de ostras.
Rodrigo y su joven esposa, Noa, disfrutaron de varias rondas apasionadas de amor esa noche, ambos sudando profusamente. Noa no pudo resistir más y tuvo que pedir clemencia.
—Amor, ¿cuándo me darás un hijo?
Casi alcanzando el clímax total, Rodrigo, con sus labios húmedos y cálidos, se acercó a la oreja enrojecida de Noa, preguntándole con gran dulzura y seducción.
El cuerpo de