—Por más malo que sea el café en la estación de policía, no dañará mi salud. Pero no me atrevería a probar nada que venga de la familia García, quién sabe qué tan malo sea. No quiero ensuciar mis pulmones ni ennegrecer mi noble corazón, no vale la pena. —Víctor sonrió con frialdad, respondiendo con calma a las burlas de Leonardo.
—¡Víctor! ¡Mi hijo ya ha sido liberado por ustedes personalmente! ¿Qué pretendes ahora, al venir aquí a molestar de nuevo? —exclamó Simón, bastante furioso y avergonzad