En medio del pánico, incluso con alguien apoyándolo, el cuerpo de Eduardo se había vuelto tan débil como un charco de barro.
Leonardo miró ferozmente a Víctor, estaba a punto de hablar cuando en ese momento Pol, quien había permanecido en completo silencio todo el tiempo, intervino oportunamente: —Hermano menor, deberías ir con el equipo de Pérez. Tienes la conciencia tranquila, solo estás cooperando con la investigación, no te preocupes por eso, todo se resolverá pronto. Luego iremos a buscarte