Clara le hizo una seña a Aarón. Él entendió y fue a abrir la puerta.
—¡Señorita Pérez! ¡Señorita Pérez!
El vicepresidente José Luis, quien había cometido un error el día anterior, irrumpió por la puerta a gran velocidad y Aarón no lo pudo detener.
Clara frunció el ceño al ver a José acercarse a su escritorio.
—José, ¿todavía estás aquí? Ya aprobé tu renuncia, puedes buscar otro trabajo —dijo Clara.
—¡Señorita Pérez! ¡No puede tratarme así! ¡He trabajado para este hotel durante casi veinte años!