—En el futuro, si necesita algo, ¡no dude en pedirlo, Alejandro! — dijo el secretario con extrema cortesía.
Dentro del coche, los labios de ambos se enlazaron en un beso profundo y apasionado.
Alejandro, a regañadientes, puso fin al beso, sonriendo satisfecho.
No se sabía si esta satisfacción era por la respuesta del secretario o por el apasionado beso compartido con Clara.
Después de la llamada, Clara tenía una fina capa de sudor en la frente.
—¿Tienes a alguien preparado junto a Teodoro?
Ella