En ese momento, sus pies estaban cubiertos de cicatrices, mezcla de sangre, manchas secas y suciedad. Él lo veía y sentía un profundo dolor en el corazón.
—Clara, desearía tanto traerte felicidad de nuevo, pero mira, todo lo que te he traído son heridas.
Alejandro cerró los ojos, inhaló pesadamente, y de su garganta áspera salió un sollozo difícil de contener.
El teléfono vibró, era una llamada de Adrían.
Alejandro se frotó los ojos, se levantó y fue a la ventana para contestar. —Adrían, ¿cómo e