Los subordinados también llegaron, cada uno con una linterna, dispersándose para buscar mejor.
Alejandro corrió bajo la intensa lluvia, sus zapatos y pantalones cubiertos de barro, pero no le importaba en absoluto. El fondo rojo de sus ojos estaba lleno de preocupación y angustia.
—¡Alejandro! ¡Espérame! ¡Ten cuidado de no caerte! — César lo seguía con dificultad, avanzando penosamente con pies hundidos en el lodo. ¡Estaba completamente aturdido!
¿Qué diablos estaba pasando?
¿Por qué la señora e