Juan entrecerró sus ojos profundos. —Seguro, ¿viniste a buscarme, verdad?
Esperanza rozó sus dedos contra su firme pecho, girando lentamente. —Deberías creer que nuestro encuentro anterior fue solo obra del destino.
Juan levantó una ceja. —Todo es cuestión de destino.
—La última vez, gracias por ayudarme— La pálida mano de Esperanza se enredó en su corbata negra, suavemente apretada contra él, con los ojos llenos de un deseo ansioso. —Siempre he esperado volver a verte, esperaba poder agradecert