—Clara se recuperará, seguro que sí.
Diego contuvo el dolor, pero al llegar a las últimas palabras, ya se le había quebrado la voz.
—Entonces, ¿qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer yo?
Javier se sintió desconcertado. Había vivido treinta años, y nunca antes se había sentido tan desorientado. Paseaba de un lado a otro, murmurando para sí mismo.
—Bien, ¡entonces voy a acabar con Alejandro!
Dijo, y se preparaba para salir corriendo, pero Diego lo detuvo firmemente.
—¡Dejen de hacer escándalo!
Una voz