Esa noche, Villa Hermosa estaba iluminada, destinada a no conocer la paz.
A Julio le gustaba coleccionar antigüedades, pero esta noche, en un ataque de furia, rompió varios jarrones antiguos que valían mucho dinero.
En un instante, la cerámica se convirtió en basura en el suelo.
Las tres señoras permanecían rígidas frente a Julio, Luz agarró firmemente la mano de Leticia, y María estaba nerviosa por dentro.
—Así que todas ustedes lo sabían.
Julio temblaba, la ira hirviente se expandía por sus ve