En el final tranquilo y misterioso del pasillo, la suave luz de la luna se posaba sobre una pareja de sombras encantadoras.
—Me duele mucho.
—Lo siento, Clara. Seré más suave.
El cuerpo de Clara descansaba contra la pared, su piel blanca y delicada brillaba con un tenue resplandor de humedad. Sus largas pestañas se movían suavemente como alas de mariposa mientras mordía con delicadeza sus labios rojos, añadiendo una sensualidad encantadora.
Frente a ella, Alejandro arrodillado, le quitaba sus ta