En este momento, Alejandro no parecía un amigo, sino más como un hermano mayor con palabras llenas de peso y gran afecto.
Rodrigo sintió un fuerte nudo en la garganta y sus ojos se humedecieron ligeramente. —Estás a punto de hacerme llorar de emoción—dijo.
En realidad, aunque Alejandro no lo dijera, Rodrigo ya lo había pensado. Él aprovecharía la oportunidad; definitivamente le daría a Noa un futuro brillante.
—¡Han llegado personas del conglomerado KS!— Alguien gritó a pleno pulmón, y Alejandro