—¿Un millón?
—Diez millones.
¡El joven señor de la familia Pérez era realmente generoso!
—¡Gracias por tu apoyo, sobrino! — Simón se puso de pie, sonriendo ampliamente.
—Ten mucho cuidado de no perderlo todo—bromeó Julio.
—Clara, ¿a quién le apuestas? — Pol preguntó con suavidad.
Clara ni siquiera lo miró y respondió fríamente: —No apostaré por nadie. No me gusta apostar en carreras de caballos.
Pol sabía que ella aún lo rechazaba, pero eso no le importaba. En cambio, se volvió hacia Julio con u