Ambos se quedaron parados mirándose, pero la atmósfera cálida y dulce dejó a todos sintiéndola.
El amor no necesita palabras, su mirada mutuamente apasionada y los sutiles gestos eran suficientes para comunicarlo todo.
Simón frunció levemente el ceño y miró a su lado, donde Julio también lucía bastante melancólico.
—Bien, no puedo controlarte. Alejandro tiene mucho dinero, así que apuesta lo que quieras—Clara se dio la vuelta y lo ignoró por completo, pero su sonrisa se insinuaba en la comisura