—Doctor Martínez, dijiste que vendrías al hipódromo hoy y me darías la medicina, ¿verdad?
Ema abrió los ojos, muy enrojecidos, y preguntó insistentemente: —¿No te equivocarás? ¿Seguro que podré verte hoy?
—¿Oh? ¿La señora me extraña? — El doctor Martínez preguntó con una sonrisa.
No se notaba ninguna indecisión en su tono, más bien burla.
—¡Doctor Martínez! — Ema llamó con los ojos llorosos. —Realmente te extraño mucho, mucho. Me estoy volviendo loca de tanto extrañarte.
En realidad, lo que más