James, sin preocuparse en lo más mínimo, continuó muy tranquilo hablando.
—No esperaba que, con casi quinientas personas presentes y numerosos maestros de gran renombre, ninguno se atreviera a salir a restaurar este tesoro.
—¡Ja, ja…!
Esa risa contenía una burla evidente, que todos los presentes sintieron intensamente.
Todos lo miraron con furia.
—Está bien. Después de todo, la pintura está realmente muy dañada, y es comprensible que los grandes maestros no quieran arriesgarse a empeorarla.
—Est