Daniela levantó la cabeza instintivamente de repente, mirando a Renata con incredulidad.
Renata la miraba con una amplia sonrisa, y en sus ojos parecía brillar una lágrima.
—Mi querida Daniela, has crecido tanto.
—Mamá, ¡has despertado! — La voz de Daniela temblaba de gran emoción.
Se apresuró torpemente a presionar el botón para llamar al médico, pero Renata la detuvo al instante.
—No hay prisa, déjame hablar contigo primero.
Daniela no tuvo más remedio que simplemente obedecer.
Renata l