Al escuchar a Sebastián decir que iban a cenar, Juan miró de inmediato los documentos sobre la mesa y casi no pudo contener una sonrisa irónica.
¿No había dicho que hoy tenía muchísimo trabajo y no había tiempo para cenar?
Se había comportado como un verdadero tirano, obligando a todos a reunir los materiales necesarios para trabajar horas extras.
Y ahora, el jefe muy tranquilo, decía que terminaba a las siete.
¿Qué pasa aquí? ¿El trabajo no es más importante que cenar?
Sebastián frunció le