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La “falsa princesa” resultó ser la realeza real.
El auto arrancó, deslizándose con una velocidad constante y elegante, dejando atrás la envidia y los prejuicios en el aire frío de la tarde.
Dorian se giró para mirar a Rose. La atrajo hacia sus brazos con naturalidad, como si fuera su lugar favorito en el mundo.
—¿Te fue bien en el trabajo? —le susurró.
—Me fue bien —respondió ella en voz baja.
—Eso es bueno —murmuró él, con una sonrisa serena.
Hubo una breve pausa. Dorian la observó con atenció