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Pero tras decirlo, vaciló un poco. Bajó la mirada y murmuró:
—Aun así, no puedo… No soy nadie. ¿Cómo podría tener la oportunidad de ver al presidente?
Carlos no se contuvo:
—¿No se reúnen todos los días?
Dorian no respondió. Solo dejó escapar una pequeña risa entre dientes mientras se frotaba la nuca, como si le hubieran descubierto un secreto.
Pronto, llegaron a la entrada de la joyería.
Rose salió del coche con paso firme.
Dorian se quedó unos segundos parado frente a la puerta de la empresa,