.45.

Pero tras decirlo, vaciló un poco. Bajó la mirada y murmuró:

—Aun así, no puedo… No soy nadie. ¿Cómo podría tener la oportunidad de ver al presidente?

Carlos no se contuvo:

—¿No se reúnen todos los días?

Dorian no respondió. Solo dejó escapar una pequeña risa entre dientes mientras se frotaba la nuca, como si le hubieran descubierto un secreto.

Pronto, llegaron a la entrada de la joyería.

Rose salió del coche con paso firme.

Dorian se quedó unos segundos parado frente a la puerta de la empresa,
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