Capítulo 5
Después de mi muerte, Alejandro fue el primero en advertir que algo andaba mal. De pie junto al ataúd, le preguntó al mayordomo:

—¿Cuánto hace que tomó la medicina?

—Menos de un cuarto de hora.

Alejandro asintió. Al mirarme la cara, se inclinó de pronto y me limpió la comisura de los labios. Le quedó una mancha de sangre en el dedo.

Su expresión cambió.

—Llamen al médico de la corte.

Mi padre frunció el ceño.

—La píldora detiene la respiración y la circulación de la sangre. No debería ser nada g
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