Damián pronunció esas palabras y sin darme oportunidad de responder, me abofeteó directamente en la cara.
Sentí un dolor intenso en mi rostro, mi mejilla izquierda ardía y llegué a sentirme mareada por la fuerza del golpe. Damián usó mucha fuerza, como si no importara que fuera una mujer a quien golpeaba.
—¡Eres un gran hijo de puta!—lo miré fríamente una vez que se me pasó el mareo, deseando devolverle las bofetadas en ese momento.
—¡Aún te atreves a insultarme!—exclamó Damián al ver que no me