Lo miré con furia ardiente en los ojos, pero estaba tan enojada que no podía articular ni una palabra.
—Si sigues oponiéndote a mí, seré aún más implacable. Si tienes sentido común, trátame bien. Quizás si me complaces, podría perdonarte—dijo con total indiferencia, una sonrisa maliciosa en sus labios. Aunque su tono era calmado, sus palabras tenían un toque de amenaza.
Nunca imaginé que terminaría metiéndome con un hombre así en mi vida. Es una maldición, no importa cómo lo intente, no puedo de