Sin embargo, justo cuando ella colgó el teléfono, escuchó el timbre de la puerta.
—¿Quién es?
Ella estaba en una suite presidencial, y había dejado muy en claro que no quería ser molestada. ¿Acaso el personal del hotel no entendió con claridad sus instrucciones? ¿Y los guardaespaldas afuera?
—Hola, servicio a la habitación.
A través de la puerta, la voz del otro lado sonaba algo apagada, difícil de identificar. Mariana frunció el ceño, impaciente, y abrió la puerta.
—No les dije que no me molest