Ella se acurrucó temerosa en la manta, sintiéndose mal, y se obligó a no pensar en adónde había ido Mateo después de marcharse. Se forzó mejor a concentrarse en lo que enfrentaría en la reunión de la junta directiva al día siguiente.
Todos sabían muy bien que en la familia Ortiz del sur había una señorita que era el centro de atención, amada por todos. Ella era precisamente la joya de la corona para el anciano señor Ortiz y sus cinco hijos, y estaba destinada a ser la futura heredera del imperio