Los demás en la habitación permanecían en silencio, atentos y a la vez intrigados por lo que podría ocurrir, hasta que Williams dice en voz alta....
-Eh aquí tu mujer... te la entrego para que cumplas con nuestras costumbres... de los que nos antecedieron para los que nos precederán... desde nuestros padres hasta nuestros hijos para el engrandecimiento de los nuestros de aquí hasta la eternidad... como debe ser.
Luego de estas palabras Williams extiende su mano, en donde estaba la de Mara, hac