Anna
La noche se ha instalado, pesada, asfixiante. El silencio en la villa es casi opresivo, solo perturbado por el tictac del reloj colgado en el salón. Clara vino a verme antes de irse a dormir, su mirada cargada de sobreentendidos. Ella lo sabe. Sabe que él vendrá esta noche, como siempre, y que no tendré fuerzas para resistirme.
Permanezco ahí, sentada al borde de la cama, con los brazos enroscados alrededor de mis piernas, la mirada perdida en el vacío. Huir. Pienso en ello sin cesar, pero