Vicente Cooper.
Realmente se ha ido, suspiro de frustración y decido leer el libro para tratar de controlar mi mente. Después de que la habitación de Angélica ha pasado por horas, no sé, unos minutos, un tiempo determinado, la puerta de mi habitación, a la derecha, pasa la puerta de mi habitación.
- Que susto - Me llevé la mano al pecho - Olvidé cerrar la puerta.
- Menos mal que no cerró - dice mirándome fijamente. Ya había desistido de esperar allí, se me olvidó algo, doctor.
- ¿Te gustan los