Vicente Cooper.
- ¿Por qué no quieres ir? - Pregunto con tristeza.
- No quiero molestarte.
- Pero no te molestes, te estoy invitando, ven, será agradable.
- No sé si debería.
- Por favor, Ángel - te lo ruego y no sé de dónde viene esta necesidad de tenerte siempre a mi lado.
- De acuerdo -acepta y yo respiro aliviada-, me voy a casa y me cambio rápido.
La acompaño a su piso y me siento en el sofá a esperarla. Al cabo de unos instantes la veo volver del pasillo de la habitación, con un largo ves