El hombre, al mirarla tan callada. Decidió no esperar más y elegir por ella, tomando el látigo en sus gruesas manos.
Saco el látigo de la caja en que venía envuelto y lo movió delante de la mujer, haciendo que la respiración se le detuviera por unos segundos, parte que cuelga del látigo le recordó a ella, como una cola de caballo y en ese momento poco lindo, le llego a su mente el recuerdo de potra, su corazón equino, que se volvió su compañero en las clases de montura.
Él, le roza ligeramente,