—No, no hay espacio —dijo Ivar rodeando el auto, dejando desconcertada a la hermosa mujer del pórtico.
—¿De qué hablas? ¿Quién es ella? ¿Por qué…?
—Vete en tu auto… —respondió Ivar sin darle mucha importancia y entrando al Maybach.
—No funciona, parece que se ahoga cada vez que quiero echarlo a andar y huele mucho a gasolina —dijo la mujer asomándose por la ventana del piloto, haciendo a un lado a Morgan.
—Ese no es mi problema, tuviste que llamar al mecánico en cuanto comenzó a fallar —dijo